Y a la quinta llegó Brasil, la pentacampeona, la indefectible candidata a todos los triunfos y nos dejó más dudas que regates. Ni fantasía, ni "jogo bonito", nada de nada. Tardó casi una hora en perforar la meta de unos afanosos norcoreanos que, lejos del Olimpo futbolístico, su mejor credencial era el enigma que arrastraban tras ellos. Pobre oferta balompédica la mostrada por la Canarinha de la que sólo salió indemne el colosal Maicon un prodigio futbolista que disfruta y hace disfrutar a quienes amamos este deporte. En las postrimerías del partido los coreanos consiguieron marcar y una ascendente sensación de miedo empezó a apoderarse de equipo del cicatero Dunga. El árbitro espantó sus demonios con el silbido final.
La Portugal de Ronaldo nos dejó otra de sus habituales muestras del "quiero y no puedo" ante los muy hercúleos costamarfileños, parecen velocistas de élite. El empate no despeja ninguna duda y sólo nos deja la enésima exhibición de altanería del mozalbete madeirense, Poco fútbol y mucho alimento para mitómanos.El primer partido del día, cronológicamente hablando, enfrentó a un inocente grupo de sonrosados neozelandeses contra el fútbol insípido que se cocina en Eslovaquia. Poco más que añadir, la inocencia se paga.
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